COMPLEJO DE ELECTRA

Fecha: 07.05.2016 22:15
Precio: 8€ incluye EP

De la música mala, cuando no se sabe qué decir, se dice que es "pegadiza". La buena, al contrario, es pegajosa. Leonard Cohen o el Camarón o Silvio Rodríguez se quedan pegados a todo; y todo se les pega. Con las buenas canciones ocurre, por ejemplo, que nunca se sabe cuándo se las escuchó por primera vez porque la primera vez ya traen consigo un recuerdo antiguo, personal y decisivo. Las malas son pegadizas porque hasta la peor de las canciones, oída muchas veces en plena juventud o en pleno ajetreo amoroso, acaban por convertirse en "tema".

Las buenas son pegajosas porque desde el principio nos recuerdan esa plenitud antigua que tiene que ver al mismo tiempo con una respiración, con una época y con una propiedad colectiva: lo que llamamos un ritmo. No creo que haya que ponerse muy pedante a la hora de hablar de música. La música es la bisagra entre el cuerpo y el alma y sirve básicamente para demostrar que las almas tienen cuerpos. ¿Eso que nos roza en el alma, como roza un zapato nuevo o un gozne mal engrasado? La música. Si duele, suena. Si ríe, suena. Si vive, suena.
Lo que me pasa con algunas de las canciones del primer disco de Complejo de Electra es que me parece haberlas oído ya cuando las oigo por primera vez. Eso me ocurre con Ahora, por ejemplo, que la oí hace 30 años mientras deshojaba furioso una margarita o con Icaro, que escuché de manera obsesiva en los años en que fui un yonki de la belleza, o con Nada más, esa hegeliana o anti-hegeliana canción de amor que todos hemos oído muchas veces huyendo entre el uno y el tres ("caballito negro, lobita desnortada/ cuando seamos viejos recuerda esta semana"). Por no hablar de Nosotros, que cuando la oí por vez primera creí que hablaba precisamente de nosotros -y de ellos, de los que les ponen zancadillas a mis árboles-, una oposición que, en la voz de Dani Iraberri, con esas esquinas que se vuelven huecos, asume la cadencia intensa de la lucha de clases y del retorno a casa.

Entre rotundidades de rock y arropamientos de cantautor, Antidisney es una protesta contra el ruido rosa. Si Disney es Bambi, la música y las letras de Complejo de Electra son anti-Bambi: una música potente y clara que lanza y no sólo acompaña la voz, unas letras en las que la ambigüedad, la provocación y el amago filosófico rompen con los moldes del barullo y la banalidad habituales -con el estrépito blando del pop y el rock más rutinarios. No entiendo nada de música, pero de bisagras sí, tanto como cualquiera. Y creo que -entre el cuerpo y el alma- es difícil escuchar este disco sin alegrarse de que nos hayan engrasado mal la vida. De que se nos haya metido -aleluya- arenilla en los riñones o bajo la ropa.